Agujero Negro 8

Para esta edición número 8, los estudiantes no sólo se encargaron de la producción editorial y de la gestión de trámites para la publicación: fueron, también, los creadores de una parte del contenido. Esta edición explora la relación entre imagen y palabra. Se intenta crear un espacio de experimentación visual —radicalmente tipográfico— pensando en la totalidad del discurso, donde el objeto responde orgánicamente al contenido. Se busca engranar la lectura, la escritura, la edición y el diseño para producir una obra que se sostenga por sí misma.

Acá la versión digital:

http://issuu.com/editagujeronegro/docs/agng08_isssuu_final_160913

Agujero Negro 7

El concepto gráfico y el diseño de Agujero Negro 7 estuvieron a cargo de Juan Fernando Mercerón y Giorelis Nino, con ilustraciones de Eddymir Briceño y Yonel Hernández. La revista fue impresa y encuadernada en los talleres de Editorial Exlibris, en papel Jansamatt de 55g/m2 y en dos colores. Compuesta con las tipografías Belizio FB (1987) de David Berlow, Adobe Folio STD (1957) de Konrad Bauer y Walter Baum, y DucDeBerry LT STD (1990) de Gottfried Pott. Fue encuadernada a caballo y se compuso de la siguiente manera: la portada, la contra portada, la página de créditos, las páginas 45, 21, 22, 23 y 24 fueron impresas aparte en un medio pliego doblado hasta un cuarto de pliego y signado por la parte superior. Ese medio pliego doblado luego sirvió de camisa para el resto de las hojas que compusieron la tripa.

Acá la versión digital:

http://issuu.com/canelonesdeluz/docs/agng07_web_110612?e=2962582/2882353

Agujero Negro 6

El número 6 de Agujero Negro es el resultado de una combinación de estudiantes de Prodiseño y de la Escuela de Artes de la UCV (juntos pero no revueltos). Los de la UCV editaron y corrigieron, acompañados por Korinna Bustamante, editora invitada. Los de Prodiseño crearon todos los contenidos gráficos, diseñaron el formato y la estructura de la revista. Joussette Rivodó, José Luis Omaña y Carlos Rodríguez coordinaron el proceso pedagógico editorial y de diseño. Giorelis Niño y Juan Fernando Mercerón fueron asistentes de diseño.

La impresión y la encuadernación estuvo a cargo de la Editorial ExLibris, que hizo un tiraje de 1000 ejemplares. Se utilizaron las fuentes dtl Argo y Swift, en papel Teropaque y a dos colores. En el centro lleva encartada una cartulina que hace las veces de carátula, y que es más ancha y menos alta que la tripa. La encuadernación se hizo a caballo.

Acá la versión digital:

http://issuu.com/canelonesdeluz/docs/agng06_web_100612?e=2962582/4545498

Apuntes

Hemos llegado a un punto en que las categorías discursivas del poder (sujeto, institución, capital, arte, comunicación, historia, verdad, etc.) se han convertido en signos vacíos, enunciados desde la episteme (fundamentalmente visual) de la duplicación digital, cuyas formas más avanzadas son los medios masivos de producción de realidades (Baudrillard), incluyendo los recursos de auto publicación en Internet.

Este punto de quiebre (krinein), que es propio de la cultura de las últimas décadas, es también un punto crítico, o de crítica. El signo mediático y digital, por acumulación de todas las formas discursivas del poder, implosiona hasta generar un vacío semántico, un agujero negro en la significación, que ha devenido en el nihilismo posmoderno y en la reducción de la política a la experiencia de la pasividad y el relativismo —en las llamadas “redes sociales”, por ejemplo—.

Las situaciones metafóricas, propias del estado de la cultura que llamaremos “agujero negro”, subvierten los lugares comunes de los discursos hegemónicos: buscan develar las estrategias de ocultamiento, banalización y vaciamiento de la significación. Buscan decir lo que el discurso poderoso no puede decir, esto es, su arma mayor: su arquitectura.

El olvido de las experiencias

Desde hace tiempo hemos estado pendiente de escribir entradas acerca de nuestras experiencias en los encuentros de producción editorial (a.k.a servicio comunitario), pero hemos, especialmente yo, pospuesto la tarea. Y pospuesto, y pospuesto, y pospuesto. Sin excusas, sin “no sé de qué hablar”, sin “es que no tengo tiempo”. Claro que sé de qué hablar, claro que sé de qué escribir, y claro que tengo tiempo. Cuando uno se propone las cosas asume las responsabilidades que conllevan, y el tiempo no es excusa. Entonces, ¿por qué después de casi un año he escrito tan poco en este blog que describa mi experiencia o relate historias sobre lo que ocurre los domingos en el terreno de la CSFM en El Marqués?

José Luis insiste en que el problema es que no estamos viendo lo que hacemos, y que si lo vemos no lo estamos pensando y re-pensando. En que si bien participamos activamente de estos procesos nos olvidamos de ellos en el momento en que salimos por el portón rojo y nos vamos a casa o a algún otro lugar al que hayamos planeado asistir luego de estar en el terreno. Creo estar de acuerdo, sí.
Algo parece suceder en el momento en el que nos despedimos, decimos “chaíto, queridas. Nos vemos el domingo” y caminamos al Metro. No hablamos de esto, no hablamos de nuestras experiencias, no las discutimos, no las re-pensamos, no las re-vemos ni re-sentimos. Las tomamos de contado.
Y hablaré por mí antes de que los demás me guinden del pescuezo, porque nuestras experiencias, si bien las vivimos juntos, fueron distintas. Sí, he tomado de contado mi experiencia en estos encuentros de producción editorial. Pero no dramaticen cuando lean esto: no significa que no me importe, que esté yendo obligada, que me aburra o lo que pudiesen pensar al respecto cuando lean  “de contado”.
El problema está en la no discusión, la no re-visión de lo que ha ocurrido. Y como no se vuelve a pensar, se olvida. Como no se habla, como no se discute, se olvida. Qué peligroso es, entonces, no re-visar las cosas, ¿cierto? Qué delicadas y frágiles son las experiencias cuando les ponemos un velo por encima.
¿Qué hace falta para pensar la práctica? Es una pregunta importantísima dentro de estas inquietudes que comparto. ¿Cómo llevar la práctica a la letra? ¿Cómo escribirla, construirla, redactarla, armarla? ¿Por qué  e s c r i b i r? Porque después de que se comparten los saberes (sí, ellas y nosotros compartimos nuestros saberes) y se hablan y se discuten y se recuentan, la escritura es una herramienta perfecta para construir nuestra parte de la historia. Pero, ¿si escribimos nuestras experiencias en el blog quién las lee? ¿Saldrán de allí? ¿Nos interesa que otras personas nos lean?  Claro que sí. Y si bien la escritura es una herramienta apta para compartir nuestras historias, no es la única que puede hacerlo. Y en estos encuentros nos dimos cuenta que hay muchos modos de producción de contenido donde no sólo hay que sentarse a escribir. Este es el primer paso: las notitas, los post its, las notas en el teléfono y en el brazo forman parte de varios métodos de iniciación de producción del contenido. La palabra, siempre, es la que marca la pauta. Pero no es el único modo de producción que existe, hay muchos y están invisibilizados. Y aquí, en estos encuentros tan especiales, vi esto. Hemos desaprovechado, durante mucho tiempo, la forma en la que varios modos de producción pudiesen juntarse para producir un contenido que cuente algo en específico; en este caso el compartir de saberes y el compartir de lógicas, de dos cosmovisiones distintas que se encuentran, discuten y bailan entre ellas.
A las señoras les toca cocinar cada cierto tiempo para los miembros de la comunidad. Creen en el trabajo equitativo y en equipo. Estar con ellas en la cocina mientras hablan de cualquier cosa es una experiencia rara, particular y maravillosa. Sí, están hablando de sus vidas: de cómo van a hacer para comprar la carne porque ninguna tiene tiempo, de que en Mercal el queso es más barato, de que Oriana raspó siete (sí, siete) materias y que ahora está estudiando como loca, y que mientras se quiere hacer un piercing en la lengua y uno en la oreja. De que a Hirba le faltó hacer 5 cuellos de camisas porque tiene gripe, pero igual la van a joder en la fábrica.
Son experiencias contadas desde una visión particular de una realidad que es de todos, y que juntas, construyen una cosmovisión particular. Estando en la cocina aprendemos muchísimo de ellas. Más que cuando nos sentamos en círculo y hablamos de que por qué necesitan que salga esta revista, de su necesidad de reivindicación como ser humano, de la búsqueda incansable del bienestar de su familia. Es en la cocina donde está todo.
¿Y qué hacemos luego de que escuchamos esto? ¿Se nos olvida? No puede olvidársenos. Mi error, mi gran error, fue tomar estas conversaciones como cualquier otra cosa y no re-pensarlas y ver lo que significan dentro del trabajo que hacemos junto con ellas. Mi error estuvo en no escucharlas de verdad, no aprehender al momento lo que ocurría. Porque ningún participante de estos encuentros comunitarios es un espectador, sino una figura activa. Y es mi labor, como co-laboradora, re-pensarlo todo. Agradecer que tengo la oportunidad de compartir con ellas y fijar por cualquier medio de producción de contenido alguna experiencia que hayamos vivido juntos.
Pasamos de ser espectadores a partícipes activos y activadores de una propuesta que defiende una causa: la reivindicación de la dignidad humana por medio de la producción de contenido escrito mediante una revista artesanal. Después de un año, las despedidas comenzaron a ser  “chaíto, queridas. Nos vemos el domingo. ¡Nosotros hacemos el almuerzo! Comeremos asado negro”.
Esta experiencia, gracias al Cosmos, nunca fue asumida como un “servicio comunitario”. Ya hemos dicho en entradas anteriores que no creemos en el asistencialismo universitario en los procesos comunitarios, sino en el compartir de saberes, en el acompañamiento y en la participación activa.  Esto, personalmente, me interesa y me llena de orgullo. No llevamos a cabo este proyecto para acumular horas (nadie tiene idea de cuánto tiempo estuvimos allí y no nos interesa en lo más mínimo) ni para tachar algo de la lista de requisitos para graduarse. Aprovechamos la obligación de “una asistencia a una comunidad” (como que si nadie viviera en comunidad, y estas necesitasen de alumnitos universitarios jóvenes y vivaces que los ayudaran en sus problemitas) para llevar a cabo un proyecto que nos interesa y que podría interesarles a ellas. ¿No es una falta de respeto enormísima que nos pidan que contemos las horas que estamos en una comunidad, y que una vez que hayamos cubierto las que nos piden, asumamos que el trabajo está hecho? Qué mediocridad.
No. El equipo de Agujero Negro nunca llegó con esa intención. Nos enamoramos de esas señoras, y esperamos seguir trabajando con ellas durante mucho tiempo. Aprendiendo, siempre, los unos de los otros.
Entonces, para los que lean esto y tengan que hacer un servicio comunitario porque la ley lo exige para graduarse, y para los que sólo leen este blog por interés/curiosidad, y para todo el equipo editorial de Agujero Negro, no le pongamos nunca velos transparentes a las experiencias. Registrémoslas  mediante la escritura o material audiovisual y auditivo y produzcamos contenido que cuente historias a partir de algo que se ha vivido y experimentado. Nunca tomemos de contado nada de lo que hacemos, porque las experiencias hablan de los procesos que vivimos y nos ayudan a recordarlos, a re-vivirlos y a re-sentirlos. Aprovéchense, aprovechen las oportunidades, aprovechen lo que está escondido y visibilícenlo mediante el modo de producción que mejor cuente una historia particular y recuérdenla y recuérdense por medio de ella.
Esta experiencia le produjo a Agujero Negro nuevas inquietudes y proyectos que llevar a cabo, y nuevas formas de ataque a problemas sociales que nos interesa hacer visibles. Cambió la forma en la que veníamos asumiendo la producción de contenido  y permitió la expansión de horizontes que alcanzar, que atravesar, que trasgredir y que experimentar.
Gracias siempre, a todas, por todo lo que nos enseñaron. Por su cariño, tiempo, ganas de participar, ganas de problematizar, ganas de hacer crítica. Gracias por que ahora somos un mejor equipo de trabajo.
Y gracias a la ley de servicio comunitario, y al primitivo, excluyente y arrogante modo de Learning Service de la UCV que nos permitió trasgredir lo que estaba establecido y hacer un trabajo honesto y verdadero.
Espero con ansias que Agujero Negro lleve a cabo, pronto, los proyectos de reivindicación social que hemos pensado a partir de nuestras experiencias en la CSFM.
-SFC

Nuestra experiencia, los puntos pendientes y Orlando Fals Borda

Hasta ahora hemos conseguido con éxito hacernos de una herramienta valiosísima, hemos aprendido a imprimir de forma artesanal sobre papel y sobre telas. Hemos logrado hacerlo en conjunto, observando mayor interés en algunos participantes en relación a otros. Y aunque técnicamente y participativamente aun es grande el reto, podemos jactarnos del inmenso logro de este primer número de Pa lante. Y hablando como grupo universitario que se acerca a una comunidad, es también un exitoso primer acercamiento. No obstante, hasta ahora nuestros esfuerzos han ido en sentido de la construcción y manejo de la herramienta expresiva. Los puntos que adolecen son, en primer lugar, la organización de la unidad de producción (promoción y distribución) y, en segundo lugar, la preocupación por sentar la base ideológica de la organización. Sobre estos dos puntos propongo centrar esfuerzos en las últimas sesiones que quedan, si es que quedan. Sino, pues pensarlas para nuestros proyectos futuros, aunque dudo que perdamos contacto con la comunidad socialista Fco. De Miranda.

Sobre el punto de la organización propongo hacer reuniones en las cuales meditemos en conjunto sobre los actores y sus papeles dentro de una unidad de producción de artefactos culturales. Para esto usaremos la experiencia que ya tenemos, pues nos ayudará a definir los cargos necesarios y a detallar sus tareas, así como a ubicarlos dentro de las respectivas fases de la producción, que también hay que definir. Y aunque es cierto que nuestros tiempos y los de la comunidad nos han limitado a centrarnos en sólo la producción, también debemos pensar en la promoción y distribución de los artefactos tanto como momentos concretos de acción (promover y distribuir) como aspectos a considerar inclusive antes de encaminar la producción de artefacto cultural alguno.
El segundo punto que siento que falta trabajar es el de fundamentar ideológicamente la unidad de producción. Cuando Orlando Fals Borda describe la experiencia colombiana de la incidencia académica o intelectual en la comunidad[1] parte de esta afamada representación marxista de la sociedad como una perenne lucha de clases. La adopta y actúa en función a ella. Yo me pregunto, sin olvidar las representaciones que particularmente nos pueden atormentan a nosotros ¿Cómo nos situamos nosotros ante la lucha de clases? Más allá de la idea que nos hagamos cada uno de nosotros (equipo Agujero Negro y participantes de la comunidad socialista Fco. De Miranda) ¿Qué acuerdos hemos hecho sobre esta idea de conflicto social que late bien en el fondo? Siguiendo al autor citado, siguiendo esta forma de coordinar los esfuerzos en función de cambiar la balanza en favor de las clases proletarias, formulo de forma más concreta la pregunta ¿Cómo nos situamos y actuamos, en calidad de unidad de producción (y distribución) de artefactos culturales, frente a esta idea de conflicto social? Y si no es esa la idea-motor ¿Cuál es entonces?
Ideológicamente ya nos hemos enfrentado, hemos expuesto nuestras impolarizables posturas (por lo menos dentro de la polarización asfixiante de nuestro panorama mediático) y terminamos concluyendo, de forma general, que podemos seguir trabajando juntos. Fue nuestra sólida piedra fundacional. Sin embargo creo hay trabajo que hacer aun. Luego de haber leído la exposición de la experiencia colombiana, a través de Fals Borda, siento que carecemos de una sólida representación compartida del conflicto social. Puedo suponer que en cada uno de los integrantes de nuestra experiencia hay consciencia, sino teórica, vivencial de lo que la lucha de clases es. Pero la pregunta por lo que espara cada uno de nosotros, la contextualización y reinterpretación de este concepto (y otros relacionados o análogos) dentro de nuestro propio meollo es algo que no hemos hecho. Y la importancia de esta pregunta y de cualquier otra que se proponga y que toque a posibles representaciones de nuestro conflicto social, es la de situar nuestra praxis en función de un gran acuerdo, de una idea de funcionamiento que nos permita prever los resultados de nuestra praxis.
Dentro de lo ya hecho creo que se hace necesario también reforzar la investigación histórica comunitaria. En el texto citado de Fals Borda se hace énfasis en esto como forma de validar y legitimar procesos y luchas propias de la comunidad. Y así podemos proponer un trabajo de investigación histórica de Campo Rico, del origen de este asentamiento poblacional, sus posibles causas económicas y sociales a través de entrevistas y revisión documental que exista. Para luego publicar un número de la revista dedicado a esto y así llenar de historia la lucha que en este momento se está llevando a cabo para organizarse urbanamente dentro de esta comunidad. Quizá no una revista, quizá un cómic, quizá una serie de boletines, quizá logremos dar con iconos históricos de la comunidad y hagamos franelas o gorras o que se yo.
La herramienta nos abre una serie de posibilidades que debemos hacerlas visibles ante nuestrxs compañerxs de la comunidad. Posibilidades que deben estar firmemente unidas a una idea de lucha y de consciencia de un lugar asumido dentro de ésta. Sé que nuestro servicio comunitario ya termina pero esto puede quedar en pie como propuesta para los interesados en el proyecto que por ahí se cocina sobre la activación de artefactos culturales políticos en comunidades de base. Piénsenlo.
S.


[1] FALS BORDA, Orlando (1978) Por la praxis: el problema de cómo investigar la realidad para transformarla. Bogotá, Colombia, Federación para el Análisis de la realidad Colombiana (FUNDABCO).