Algunos logros de la segunda etapa

El Servicio Comunitario genera espacios ampliados de conocimiento, más allá de las fronteras de la universidad. Espacios en que el saber y las voluntades académicas y comunales se encuentran para crear otro saber, o un tercer tipo de saber, que ya no será sólo universitario o sólo comunitario, sino que será al mismo tiempo instrumental y metafórico, intelectual y práctico. Ese tercer saber supone, para los otros dos, liberarse de procesos de opresión, tanto intelectuales como sociales. También supone ganar mecanismos de crítica para revisar nuestras visiones de mundo, y para combatir los poderes hegemónicos, tanto discursivos como prácticos y socioculturales.

¿No es acaso el fin de la universidad cultivar la crítica de sus maneras de conocer? ¿No es el fin de la vida comunitaria hacer la crítica de todos los poderes, los suyos y los que la cercan? Los programas de Servicio Comunitario nos permiten relacionar esas dos voluntades críticas e impulsarlas hacia una voluntad de creación amplia –que modifique los dos contextos– y efectiva –pues parte de experiencias y de necesidades concretas, no abstractas sino situadas en las carencias y las posibilidades de ambos contextos–.

En la segunda etapa de los Encuentros Comunitarios de Creación Editorial logramos varios objetivos. El primero fue la creación de un espacio efectivo y relacional de conocimiento. Allí nos encontramos, en igualdad de condiciones, los estudiantes universitarios, varias mujeres de la Comunidad Socialista Francisco de Miranda y yo. Luego de identificar necesidades editoriales comunes, aprendimos la técnica de la serigrafía, guiados por Rogny Sotillo del Ejército Comunicacional de Liberación. Juntos comenzamos a generar una infraestructura comunicacional para la producción de imaginarios y para la organización de memorias colectivas. Una infraestructura controlada por grupos de base.

Esta circunstancia común permitió que los y las estudiantes se involucraran propositivamente en la creación de herramientas comunicacionales, y que un grupo de mujeres de la comunidad se apropiaran de un conocimiento técnico artesanal, útil para crear imaginarios políticos propios.

Con ese conocimiento técnico, que en ningún momento fue otorgado por los universitarios, la comunidad podrá, además, seguir generando herramientas autogestionadas de visibiliación, e independizarse de los procesos capitalistas de producción. También podrá administrar sus recursos simbólicos y humanos –sus esfuerzos– en función de sus propias necesidades, y así convertirse en un colectivo creador de contenidos políticos, en lugar de consumirlos o de recibirlos pasivamente.

Nos queda mucho por hacer en estos Encuentros Comunitarios. A los estudiantes les queda el trabajo de reflexionar, con las herramientas de la universidad, sus acciones comunitarias, para influir en otras experiencias similares. A la comunidad le queda la tarea de multiplicar sus conocimientos y reproducirlos en otros espacios y tiempos. A ambos nos sigue uniendo el compromiso de construir una Unidad Gráfica de Producción en la Comunidad Socialista Francisco de Miranda. Para lograr esto necesitamos recursos tecnológicos específicos (como una estación lineal de serigrafía) y profundizar en técnicas de producción de contenidos e imaginarios políticos.

JL.

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