Apuntes

Hemos llegado a un punto en que las categorías discursivas del poder (sujeto, institución, capital, arte, comunicación, historia, verdad, etc.) se han convertido en signos vacíos, enunciados desde la episteme (fundamentalmente visual) de la duplicación digital, cuyas formas más avanzadas son los medios masivos de producción de realidades (Baudrillard), incluyendo los recursos de auto publicación en Internet.

Este punto de quiebre (krinein), que es propio de la cultura de las últimas décadas, es también un punto crítico, o de crítica. El signo mediático y digital, por acumulación de todas las formas discursivas del poder, implosiona hasta generar un vacío semántico, un agujero negro en la significación, que ha devenido en el nihilismo posmoderno y en la reducción de la política a la experiencia de la pasividad y el relativismo —en las llamadas “redes sociales”, por ejemplo—.

Las situaciones metafóricas, propias del estado de la cultura que llamaremos “agujero negro”, subvierten los lugares comunes de los discursos hegemónicos: buscan develar las estrategias de ocultamiento, banalización y vaciamiento de la significación. Buscan decir lo que el discurso poderoso no puede decir, esto es, su arma mayor: su arquitectura.

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