Dos idiomas, dos mundos

La universidad es un texto —fundamentalmente racional/instrumental— escrito sobre el cuerpo de sujetos que interpretan, reconstruyen y reproducen ese texto.

Un barrio es un texto —fundamentalmente racional/afectivo— escrito sobre el cuerpo de sujetos que recrean, expanden y reproducen ese texto.

La universidad que hoy vivimos (la UCV de nuestra circunstancia) busca producir un relato basado (también fundamentalmente) en un solo principio: el concepto moderno y transmoderno, neoliberal, descontextualizado, jerárquico y universalista del conocimiento.

El relato del barrio tiene, por lo menos, dos fundamentos: 1) la construcción letrada de su representación imaginaria y mediática; 2) las prácticas de resistencia y creación de realidades éticas, económicas y epistémicas para-occidentales. Lo primero pasa por la auto confirmación comunitaria de que los sujetos del barrio pertenecen a la cultura occidental. Lo segundo implica la contaminación pagana de esa auto confirmación.[1]

Cuando los universitarios quieren articular su relato en el barrio pareciera que hablaran otro idioma, porque aunque usan el español no siempre se entiende lo que dicen. Entonces hace falta un traductor. Cuando ocurre lo contrario, cuando los del barrio van a la universidad, tienen que aprender por su cuenta los nuevos códigos, para los que hay pocas referencias en el relato práctico del barrio.

La universidad y el barrio se abren y se cierran ante la escritura del otro. Sus parciales aislamientos imaginarios y discursivos tienen un mismo origen: el proyecto nacional moderno y el proyecto transnacional del capitalismo avanzado.

El proyecto nacional, que comienza con la primera república y termina en 1973 (año en que se promulga la Ley de universidades), crea la representación del sujeto civil, del ciudadano regido por el imperio de la escritura racional-instrumental.[2] El cuerpo, las pasiones y sus lógicas tribales, solidarias y paganas se agruparon en los márgenes de la escritura racional, al margen de la ley, la gramática y la verdad. En las ciudades, a esas agrupaciones le llamamos “barrio”. Allí se recrearon los códigos del proyecto moderno, y se produjo un imaginario contaminado, ambiguo, contradictorio, racional-afectivo. Esos códigos —ya lo sabemos— no los maneja cualquiera; se abren y se cierran según nuestra disposición a aprenderlos.

Con el proyecto transnacional —que fue el gran logro de la revolución norteamericana— pasa algo similar: crea la ilusión del sujeto globalizado, desarraigado, sin espacio ni tiempo, sin contexto, aparentemente sin ideología, sin relación política con su circunstancia. Es el sujeto típico de la universidad a partir de los años 70, ajustado al poder de las corporaciones transnacionales.[3] De allí deviene el aislamiento social que marca la mayoría de nuestras prácticas universitarias. Pero en algunas comunidades de barrio ocurre otra cosa: se crea la imagen de un sujeto global arraigado, contextualizado, político, responsable del diseño de sus condiciones de vida y de trabajo. Esas comunidades —como la favela Santa Marta, en Rio de Janeiro, o el barrio Campo Rico, en Caracas— no sólo son globales sino también tribales: se identifican con una comunidad internacional, e incluso transnacional, que reproduce la idea de un mundo “otro y posible”, como proclaman en el Foro Social Mundial, y que trasciende las lógicas instrumentalistas, jerárquicas y corporativas del proyecto económico transnacional.

*

[1] El concepto de lo pagano lo entiendo como lo enuncia Michelle Ascencio, en su Las diosas del Caribe (editorial Alfa, 2007)esto es: como una cultura en la que los sujetos dejan su intimidad a la vista, expuesta, no resguardada por el secreto y el tabú.

[2] Ver: Beatriz González Stephan: “Economías fundacionales. Diseño del cuerpo ciudadano”, en Beatriz González Stephan, (comp). Cultura y Tercer mundo. Nuevas identidades y ciudadanías, 17-47. Caracas: Nubes y Tierra. Editorial Nueva Sociedad.

[3] Ver: Boaventura de Sousa Santos: La universidad del siglo XXI. Centro Internacional Miranda, Caracas, 2005.

Jl.

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