Intención de narrar, intención de sobrevivir

En respuesta a lo que Daniel escribió, yo creo que el motivo por el cual yo no había escrito tiene que ver con eso de temerle al texto y a su caducidad. Ese temor es también una resistencia a horadar la “realidad”. Tiene algo, y no me gusta decirlo, del conflicto que aqueja al personaje Friedrich (Historias de Lisboa, Win Wenders, 1994), que había perdido, en el transcurso de la filmación de su documental, la confianza en su visión, en el establecimiento, mediante la narración, de su punto de vista. Todo esto debido, quizá, a una especie de [sentir] humilis medieval que me con-tiene pensando en el papel (objetivo o no; útil o no; verdadero o no) de narrar una experiencia desde ese límite que marca el ángulo de tu propia visión, el alcance limitado de la audición, la cantidad finita de cosas que probarás y verás, o has visto y podrás ver, y de lo cual deriva algo mucho más cercado: el límite que marca la intención misma de narrar. Todo esto sumado al miedo de escribir como la mierda: enredado y con oraciones complicadas, como suelo hacerlo.

Pero ya que fui a la Comunidad Socialista Francisco de Miranda a grabar con mi camarita las jornadas de evaluación de participación de la comunidad, puedo echarles el cuento.

A cada núcleo familiar, destinado a ser beneficiado con el proyecto comunitario de vivienda, se le ha asignado un número que le identifica y que corresponde con el sector de Campo Rico del que provienen. Y así, según el sector, son convocadas las asambleas de evaluación. Yo estuve en dos de estas asambleas. En una llegué un poquito tarde, y en la siguiente llegué incluso una hora antes.

Previo a la evaluación, Yuli, Limina y Rafaela proyectan un pequeño corto animado que muestra una carreta siendo empujada hacía algún lugar. El corto explica las posibles actitudes positivas y negativas que pueden asumir los miembros de un grupo: o ayudan más de lo necesario, o ayudan sólo lo necesario, o tratan de ayudar lo menos posible, o no ayudan, o impiden el trabajo. Esto lo hacen para destacar las actitudes propositivas, la rapidez y eficiencia del trabajo en equipo. Luego, según lo expuesto en este pequeño animado, los asistentes hicieron una autoevaluación de su propio desempeño en el trimestre. Y así comenzó la evaluación.

Con un micrófono que fallaba a cada rato, se anunciaba a la familia que sería evaluada. Luego se les recitaba, a los evaluados y a todos los presentes, los números que informaban sobre su desempeño ese trimestre en cuanto a la asistencia a eventos políticos o no, responsabilidades con el mantenimiento del campamento y la participación de la totalidad del grupo familiar. Se concluía con un índice ponderado de participación que ubicaba a cada familia dentro de parámetros como: “Bueno”, “Sobresaliente”, “Pobre”, etc. Se preguntó a cada evaluado después de saber el resultado (datos recogidos por voluntarios del campamento) si deseaba protestar por alguna de estas cifras, por si creyesen que no correspondían con la realidad.

Desde este momento el papel de las voceras y el resto de los asistentes incrementaba. La vocería siempre exhortaba mayor participación a las familias con bajos puntajes. Así mismo felicitaba a las que se destacasen. Fue muy común escuchar a los participantes excusar su baja participación con el trabajo, obligaciones en el hogar, problemas de salud, rebeldía de los hijos adolescentes, etc. Entonces aquí el resto de la comunidad apoyaba o no lo que decían en su propia defensa los representantes del núcleo familiar puestos bajo la lupa.

Las discusiones que se presentaron hicieron evidente el problema fundamental que enfrentan las organizaciones de tipo comunitaria: la participación. Yulimar, a quien le pregunté sobre el asunto, atribuye la causa de esta dolencia a una especie de “ideología individualista” que posee la gente. Me habló de mujeres que son de la Comunidad Francisco de Miranda –y que pertenecen a determinado sector de Campo Rico– que “se separaban” de la suerte de todos los demás, en la lucha del día a día tanto en el campamento como afuera de éste, “creyéndose más que los demás” o de “alta sociedad”.

La intención de la vocería a través de Yuli, Limina, Rafaela, y posiblemente muchas otras personas que todavía no he escuchado, parte seguramente de la causa que le atribuyen a esta falta de participación. Parte de esta atomización que observan y que divide a su propia comunidad. Esa atomización no hace posible que los problemas sean asumidos por todos de igual forma.

Yuli me supo decir la segunda noche que la intención por la que insisten tanto en la participación ─además de que con eso ellas se liberan de mucho trabajo, pues lo asumen voluntariamente los demás integrantes─ es para conseguir que todos los integrantes de la comunidad sientan el arraigo con lo propio, para que despierten ese sentido de pertenencia tanto con las viviendas y espacios físicos que serán construidos como con la comunidad misma de la cual provienen. Intención clave para lograr que la comunidad socialista sobreviva al objetivo circunstancial que los une temporalmente y que persigue la construcción de las viviendas.
S.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s